Cuentos Para Leerle A Los Niños

ahora hallarás enlaces a estudios de posgrado, seminarios y otros cursos en los que participo y cuya convocatoria está abierta.

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Un mapa de jamás Jamás / Laboratorio Emilia


Yo, mediador / Troquel

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Máster en Libros y LIJ / UAB

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Ha nacido una estrella / Anatarambana

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Por acá ando como en tres pistas: presentando mis libros, impartiendo talleres para niños, pequeñas y jóvenes y dando charlas a especialistas.


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Instituciones dy también las quy también he reciborate apoyo para investigación o becas dy también creación artística o con las quy también colaboro como lector voluntario, asesor o profesor.


s y jóvenes

El cuento del cuento. Cinco historias cocitadas para leer en casa con niños, pequeñas yjóvenes


Cinco cuentos clásicos, 4 en prosa y uno en verso, para leer en casa y animar estos días largos y anunciar las buenas noches. Selección variada, para distintos gustos: un <…>


Cinco cuentos clásicos, cuatro en prosa y uno en verso, para leer en casa y animar estos días largos y anunciar las buenas noches.

Selección variada, para distintos gustos: un enigma filosófico, algo de humor absurdo, un cuento de hadas, un amor imposible y un inquietanty también fenómeno, historias quy también han sobrevivorate en el tiempo y pueden acompañarnos en voz alta o baja, en la sala o en la cama, a salvo dy también las inclemencias y a fin de que no cunda el pánico. Todas precedidas por “el cuento del cuento”, la historia detrás dy también las historias y sus autores.

Una dy también las claves para despertar el interés por la lectura es… despertar el interés, a secas, o, si se quiere: el interés por la vida. Generar expectativa, proponer un preámbulo en el que conozcamos un poco más la dimensión quy también estamos por pisar es una opción. De esta manera desearemos con más ganas entrar y volver.

Y gracias por entrar y regresar linterna en mano a estos bosques. Vendrán más cuentos de cuentos. Por lo pronto quy también disfruten, conversen, imaginen, duden y sy también distraigan mucho con estos. #YoMeQuedoEnCasaLeyendo

El ciervo escondido

dy también Lieh-tzu (Siglo IV a. C.)

Ilustración dy también Liz Medrano.El cuento del cuento: Hace muchísimos años (unos dos mil trescientos, más o menos) vivió un pensador chino quy también deseaba ser inmortal, como la montaña que está siempre: crece y cambia, mas sy también queda. Se llamaba Lieh-tzu y su nombre da título a un libro muy esencial en la filosofía taoísta. Pero nada más. Se saby también muy poco de esty también sabio.

Tal vez escribió “El ciervo escondido” después de pasar mañanas y tardes observando la naturaleza, reflexionando sobre el notado de la vida, la igualdad, la muerte, el tiempo… o las antenas de las cucarachas.

Era contemporáneo dy también Chuang-tzu, otro filósofo taoísta del que se conoce esta microficción (quy también por cierto ha sloco reelaborada por muchos escritores más): “Chuang-tzu soñó que era una mariposa, y al despertar ignoraba si era Chuang-tzu quy también había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Chuang-tzu”. 

¿Y, tú? ¿Estás seguro quy también despertasty también hoy? ¿de qué manera sabes que ya dejaste dy también soñar? ¿de qué manera sabes que no eres un sueño, el sueño dy también alguien o el sueño dentro de otro sueño?

una vez que lees una historia impresionante y al final resulta quy también “todo era un sueño”, puedes sentir que el autor te tomó el pelo, que traicionó el encanto de la ficción: creer quy también lo quy también te cuentan es cierto. Pero hay narraciones que juegan con el tema dy también los sueños sin desencantar al lector, al contrario, lo dejan inquieto, le generan preguntas sobry también el funcionamiento de la realidad. Sy también trata de literatura quy también propone una invención y reinvención constanty también del mundo.

de este modo sucede en este breve relato quy también comienza con un enterramiento y termina con una incógnita. Como ésta: “Había una vez un sabio llamado Lieh-tzu”. Y nada más. Sy también saby también muy poco dy también él. Casi nada. ¿Sería el sueño dy también alguien?

El cuento: Un leñador de la provincia dy también Chêng se hallaba en el bosque, recogiendo leña, una vez que sy también encontró con un ciervo extraviado. Se apresuró a seguirlo hasta que consiguió matarlo y mucho se alegró por su buena suerte. Sin embargo, tuvo temor dy también que otros lo descubrieran, así que lo enterró en una zanja seca y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el lugar donde lo había ocultado y sy también convenció de que todo aquello había sido sólo un sueño. Y así fue contándolo a las personas con las quy también sy también topaba en su andar, tal y como si hubiese sorate un sueño.

Un hombre, que escuchó la historia, decidió ir a buscar al ciervo y lo encontró, cubierto con hojas y ramas, en la zanja seca. Al llegar a su casa, con el ciervo, dijo a su mujer:

—Un leñador soñó quy también había matado un ciervo, mas no podía rememorar el sitio exacto donde lo había escondorate y yo lo he encontrado, por lo que me parecy también que su sueño era un sueño verdadero.

—a la inversa —dijo su esposa—. Debes ser tú quien soñó que conoció a un leñador quy también había matado a un ciervo. Acá está el ciervo, cierto, mas ¿dóndy también está el leñador? Es evidente que es tu sueño el quy también se ha hecho realidad.

—ciertamente hy también matado a un ciervo —replicó su marido—. Entonces, ¿qué importa si fuy también el sueño dy también otro o el mío?

mientras que tanto, el leñador llegó a su casa. No sy también lamentaba dy también haber perdido al ciervo, pues seguía convencdesquiciado dy también que lo había soñado todo. Mas esa misma noche verdaderamente soñó con el lugar dondy también lo había escondido y el hombry también quy también lo había encontrado. Por lo tanto, a la mañana siguiente, fuy también a la casa del hombry también a reclamar su ciervo.

Una pelea sy también produjo y el asunto hubo de ser llevado ante un juez, quien sy también pronunció en estos términos:

—Tú —ly también dijo al leñador— empezasty también por matar a un ciervo, mas creíste, por error, que había sido solo un sueño. Después soñaste que habías matado a un ciervo, mas creíste, por error, que era verdad. Este otro hombre encontró al ciervo, realmente, y ahora ty también lo disputa. Por otro lado, sumujer dice quy también él soñó al ciervo y al hombry también que lo había matado. Así que nadie puede decir quién mató al ciervo. Mas acá tenemos al ciervo. Lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del rey dy también la provincia dy también Chêng, quien dijo:

—¿Y ese juez no va a estar soñando quy también reparty también un ciervo?

Esa nueva pregunta llegó a los oídos del primer ministro, quien se confesó incapaz de distinguir qué parte era sueño y qué parte no.

—Si desean distinguir entre estar despierto o estar soñando —dijo—, sólo el Emperador Amarillo o Confucio pueden ayudarlos. ¡mas estos dos sabios están muertos!, así que ya no hay nadie vivo que sepa distinguir entry también sueño y realidad.

La pulga y El Profesor, una aventura

de Hans Christian Andersen (1805-1875)

Ilustración de Melhem Haddad.El cuento del cuento: “Reciba el año listo, compre el día de hoy su calendario mil ochocientos setenta y tres con un nuevo y maravilloso cuento del enorme Hans Christian Andersen.”Es diciembry también dy también 1872. En las nevadas calles de Copenhague, Dinamarca, los voceadores venden un calendario que todos quieren. Tieny también impreso un nuevo cuento del más célebry también escritor del momento.

“La pulga y el profesor, una aventura”, el texto número doscientos quy también escribió Hans Christian Andersen y uno dy también los últimos que publicaría, es un cuento tan singular como divertido, distinto al resto dy también su obra: un maestro medio mago, medio charlatán, que sueña con volar en un globo aerostático, entrena a una pulga quy también se vuelvy también su compañera y amiga, y termina viajando con ella hasta el País de los Caníbales. Ahí sy también desarrolla una historia dy también amor totalmente inusual y disparatada.

El cuento y sus personajes tal vez ty también recuerden los viajes del capitán Gulliver o algún explorador creado por Julio Verny también o hasta al embustero Mago de Oz. 

En su época, Andersen fuy también uno de los autores más leídos y populares del mundo. El propio rey de Dinamarca lo visitaba en su casa; le rendían homenajes, ly también daban medallas e incluso ¡hacían chocolates con la manera dy también su rostro!

Hijo de un zapatero y dy también una lavandera, nacdesquiciado en el distrito más pobry también de Odense, en Dinamarca, él mismo sy también compararía con su personaje, el Patito Feo: primero despreciado y luego majestuoso. Influyó a autores como Lewis Carroll y Beatrix Potter. Su obra sy también ha traducorate a casi ciento treinta idiomas.

El cuento: Había una vez un aeronauta que terminó mal. Su globo estalló y el hombre salió volando y sy también hizo pedazos. Apenas dos minutos antes de que esto sucediera había logrado expulsar a su hijo en paracaídas. El chaval no había tenloco tanta suerty también en realidad, pues si bien estaba ileso y ya sabía lo suficienty también paraser un aeronauta, no tenía globo ni medios para conseguirlo.

Como dy también algo tenía quy también vivir, desarrolló el arte de la prestidigitación y aprendió a hablar con el estómago, lo quy también sy también conoce como ventriloquia. Era joven y de buena presencia. En el momento en que sy también dejaba crecer el bigoty también y vestía con sus mejores ropas, hasta podía pasar por hijo de un conde. Las damas lo encontraron atractivo, y una muchacha en particular sy también enamoró dy también tal modo de su encanto y destreza que inició a seguirlo a todas y cada una de las urbes y países del extranjero. En estos lugares se hacía llamar ni más ni menos quy también El Profesor.

Pensaba continuapsique en procurarsy también un globo aerostático y navegar en el airy también acompañado dy también su esposa, mas le faltaban los recursos necesarios.

—Ya van a venir —afirmaba él.

—¡Ojalá quy también sí! —respondía ella.

—Todavía somos jóvenes y yo ya soy profesor. ¡Las migas también son pan!

Ella lo ayudaba en todo lo que podía, y sy también sentaba en la puerta para vender las entradas dy también sus espectáculos. En el invierno ésty también era un favor que la hacía temblar dy también frío. También lo asistía en uno de sus actos. El maestro ly también pedía que se metiera en el cajón de una mesa, un cajón muy grande; desdy también allí, ella se escurría a otro cajón ubicado detrás y de pronto la audiencia no la veía más.

mas una noche, una vez que El profesor abrió el cajón, él tampoco la vio más. Ella no estaba ni en el cajón frontal ni en el posterior ni en ningún lugar en todo el teatro. No se ly también veía ni oía por ninguna parte. Aquella había sido su última contribución al espectáculo.

nunca volvió. Sy también había hartado de todo eso.

Él sy también hartó también. Perdió su buen humor, era incapaz de reír o contar chistes, y el público dejó de asistir a sus funciones. Sus ganancias disminuyeron drásticamente, sus ropas sy también desgastaron y al final no le quedó más quy también una pulga que ly también había dejado su mujer, y que por ello deseaba mucho. La adiestró, la enseñó a actuar, a presentar armas y a disparar un cañón; un cañoncito, por supuesto.

El maestro estaba orgulloso de su pulga, y la pulga estaba orgullosa de sí misma. Había aprendorate algunas cosas y llevaba sangre humana en su cuerpo; había estado en grandes ciudades, y príncipes y princesas la habían visto y aplaudido; y todo ello aparecía en periódicos y carteles. La pulga sabía que era conocida y que podía mantener no sólo a un profesor, sino a toda una familia.

a pesar de su orgullo y su fama, una vez que viajaban, El maestro y la pulga iban en los vagones dy también cuarta clase; éstos llegaban tan veloz como los dy también primera. Se habían hecho una promesa secreta el uno al otro: quy también jamás sy también separarían ni sy también casarían. La pulga permanecería soltera y El Profesor, viudo. Así estarían parejos.

—Vuelve allí dondy también te sonrió la suerte —afirmaba El Profesor, que era un estudioso de la naturaleza humana, quy también es una ciencia en sí misma.

Habían viajado ya por todos los países del mundo, salvo al País de los Caníbales, y a ése decidieron ir. El profesor sabía bien quy también allí sy también comían a los cristianos, mas él no era muy cristiano quy también digamos, ni la pulga muy humana, así que pensó quy también quizás les iríabien y harían mucho dinero.

Viajaron en navío dy también vapor y en navío dy también vela. La pulga probó sus habilidades artísticas durante la travesía en intercambio por el pasaje, y de esta forma llegaron, al fin, al País dy también los Caníbales.

Gobernaba allí una pequeña princesa. Sólo tenía ocho años de edad, mas gobernaba igual. Les había arrebatado el poder a su padre y a su madre por el hecho de que le gustaba quy también sy también hiciese su voluntad. Era excepcionalmente bella y excepcionalmente grosera.

Tan pronto como la pulga presentó armas y disparó el cañón, la princesa quedó tan prendada de ella que gritó:

—¡O la pulga o nadie!

Sy también había enamorado locamente de la pulga… y eso que ya estaba bastanty también loca.

—Mi dulce y razonable hijita —ly también dijo su padre—. Si al menos hubiera alguna manera dy también convertirla en un hombre.

—¡Eso déjamelo a mí, ancianito! —replicó la princesa. No eran maneras dy también hablarle a su padre, mas ella era caníbal. Sentó a la pulga en su justa mano y ly también dijo:

—Ahora ya eres un hombry también y vas a gobernar conmigo. Mas debes hacer lo quy también yo quiera, en caso contrario te mataré y my también comeré al Profesor.

Al maestro ly también habían asignado una espaciosa habitación para vivir. Las paredes eran de caña dy también azúcar, y podría habersy también dedicado a lamerlas, pero no le gustaban los dulces. Tenía una hamaca para dormir y arriba de ella sy también sentía como en un globo aerostático; lo que siempre había deseado y en lo quy también todavía pensaba continuamente.

La pulga vivía con la princesa, sy también sentaba en su delicada mano o en su precioso cuello. Ella sy también había arrancado uno de sus largos capreciosos y ly también había pedorate al profesor que atara un extremo a una pata dy también la pulga y el otro a un pendienty también de coral quy también llevaba en la oreja.

Qué maravillosamente bien la estaba pasando la princesa; “¡y la pulga también!”, pensaba ella.

pero El profesor no estaba muy contento. Él era un viajero al que le gustaba ir de urbe en ciudad, y leer en los periódicos noticias sobre su tenacidad y su sabiduría al enseñar a una pulga a comportarse como persona. Se la pasaba todo el día tirado en la hamaca; bien alimentado, eso sí, con huevos frescos dy también pájaro, ojos dy también elefante y piernas de jirafa asadas. Los caníbales no vivensolamente dy también carne humana, no, la carne humana es un manjarespecial.

—Hombro dy también niño con salsa picanty también —afirmaba la madry también de la princesa—, ¡lo más exquisito!

Al profesor le aburría todo eso. Deseaba irse del País dy también los Caníbales, mas la pulga debía venir con él; era su prodigio y su sustento. ¿de qué manera iba a conseguirlo? ¿de qué manera podría liberarla? No era algo fácil, mas pensó y pensó hasta que, al fin, dijo:

—¡Lo tengo! Padre de la princesa, deme algo que hacer. Déjemy también instruir a su pueblo a presentarse anty también usted, Su Alteza Real. Esto es lo que se conocy también como “tener cultura” enlas grandes y poderosas naciones de la Tierra.

—¿Puedo, yo también, aprender a presentarme anty también ellos? —preguntó el padry también de la princesa.

—Eso no sería apropiado —respondió El Profesor—; pero puedo enseñarle a Su CaníbalMajestad a disparar un cañón. Funciona con un estallido. Uno se sienta arriba del cañón, en elaire, y luego uno sube o baja en él.

—¡Sí, déjame disparar uno! —rogó el padre de la princesa. Mas en aquel país no habíacañones, salvo el cañoncito de la pulga, que era demasiado pequeño.

—Fundiré uno más grandy también —dijo El Profesor—. Solo proporciónenme los medios necesarios. Necesito tela de seda fina, aguja e hilo, cuerdas y sogas, y gotas estomacales para globos aerostáticos, que los hacen hincharse y elevarse; me servirán para producir el estallloco en el estómago del cañón.

—Por supuesto.

El padry también dy también la princesa le dio cuanto pedía. Toda la corte y el pueblose reunieron para poder ver la fabricación del cañón, pero El profesor sólo les dejó mirar hasta el momento en que tuvo el globo totalmente listo paraser inflado y volar por los aires.

La pulga miraba sentada desde la mano dy también la princesa de qué manera sellenaba dy también airy también el globo. Tanto sy también hinchó quy también inició a agitarseviolentapsique y apenas podían mantenerlo pegado al suelo.

—Tengo quy también elevarlo en el aire a fin de que se enfríy también —dijo e lProfesor, sentándosy también en la cesta que colgaba del globo—, pero no puedo hacerlo solo, necesito ayuda dy también alguien especialista y acá nadie saby también dy también cañones… excepto… ¡la pulga!

—¡No estoy presta a permitirlo! —dijo la princesa, pero tendió la mano y entregó la pulga al Profesor, quien la colocó en su muñeca.

—¡Suelten las amarras! —gritó él—. ¡Ahora el globo se eleva!

Los presentes creyeron que decía: “¡El cañón!” Y de este modo sy también fuy también elevando el globo, más y más, por encima de las nubes, lejos del País de los Caníbales.

La princesita, su padre y su madre, el pueblo entero se sentó a esperar. Todavía siguen esperando. Y si no lo crees, vy también al País de los Caníbales, cualquier niño ty también contará la historia de la pulga y El Profesor. Ellos creen que sus visitya antes regresarán una vez que el cañón se haya enfriado.

mas no regresarán. Están en casa, entre nosotros, en su tierra natal. Viajan en tren, en primera clase. El enorme globo ha resultado un buen negocio. Nadie les pregunta cómo lo conprosiguieron ni de dónde proviene. Son genty también acomodada ahora, de la más respetable, la pulga y El Profesor.

Bella-Flor

de Cecilia Böhl dy también Faber (Fernán Caballero) (1796-1877)

Ilustración de Melhem Haddad.El cuento del cuento: Entre la romántica tropa dy también los contadores de cuentos populares comandada por los Grimm, Afanasiev y Andersen, hubo asimismo mujeres aunquy también a muchas de ellas se les haya olvidado. Acá está la primera en escribir en español nanas, adivinanzas, enigmas, poemas, cuentos y refranes especialmente para niños.

incluso publicó La mitología contada a los niños y también historia dy también los grandes hombres dy también la Grecia en una época dondy también a nadie ly también importaban demasiado (o nada) los libros infantiles. Sy también llamaba Cecilia Böhl dy también Faber, aunque, en party también por el sexismo dominanty también dy también su época, firmaba con un seudónimo dy también hombre: Fernán Caballero.

Nació en mil setecientos noventa y seis y traía en la sangry también el oficio literario y un espíritu contracorriente. Su madre, Francisca Larrea, era una señalada escritora —considerada pionera dy también la novela realista española— que admiraba a la pensadora inglesa Mary Wollstonecraft, célebry también por defender los derechos dy también la mujer (¡y madre de Mary Shelley, la autora dy también Frankenstein!).

El padry también de Böhl asimismo era escritor, alemán, pero dedicado a estudiar la lengua española y el teatro.

Dicho por su autora, “Bella-Flor” es un “cuento de encantamiento” donde los animales hablan y tienen poderes mágicos. El protagonista es un joven al que ly también va bien solo por ser increíblepsique bueno. A Böhl (o al señor Caballero, como prefieras), ly también gustaba redactar cuentos así: de buenos muy buenos y malos muy malos, con moraleja. De esta forma sy también acostumbraba en su tiempo. 

Creía que la fantasía y la invención eran esenciales para pequeñas y niños, como el alimento, y quy también nada era mejor quy también los castillos encantados, hechiceros, hadas y duendecillos a fin de que crecieran sanos y fuertes. Otra idea adelantada.

acá tienes, entonces, una buena dosis dy también nutritiva magia.

El cuento: Había una vez un padre que tenía dos hijos; al mayor le tocó la suerte de soldado, y fue a América, dondy también estuvo muchos años. En el momento en que volvió, su padry también había muerto, y su hermano disfrutaba del caudal y se había puesto muy rico. Fue a casa dy también éste, y le encontró bajando la escalera.

—¿No my también conoces? —ly también preguntó.

El hermano le contestó con mala manera quy también no.

Entonces sy también dio a conocer, y su hermano le dijo quy también fuesy también algranero, y quy también allá hallaría un arca, que era la herencia que ly también había dejado su padre, y siguió su camino sin hacerle más caso. Subió al granero, y halló un arca muy vieja, y dijo para sí: “¿para qué exactamente my también puede a mí servir este desvencijado arcón?

¡mas anda con Dios! My también servva a ir para hacer una hoguera y calentarme, quy también hacy también mucho frío”.

Cargó con él y sy también fuy también a su mesón, donde cogió un hacha y se puso a hacer pedazos el arcón, y dy también un secreto quy también tenía cayó un papel. Lo tomó, y vio quy también era la escritura de unacrecida cantidad quy también adeudaban a su padre. La cobró, y se puso muy rico.

Un día que iba por la calle encontró a una mujer quy también estaba llorando amargamente; la preguntó qué tenía, y ella ly también contestó que su marido estaba muy malo, y que no solo no tenía para curarlo, sino quy también se lo deseaba llevar a la cárcel un acreedor, al que no podía abonar lo que le debía.

—No sy también apure usted —le dijo José—. No llevarán a su marloco a la cárcel, ni venderánlo que tiene, que yo salgo a todo; le pagaré sus deudas, ly también costearé su enfermedad y su entierro, si sy también muere.

Y de esta forma lo hizo todo. Mas sy también encontró quy también cuando el pobre se hubo muerto, tras pagado el entierro, no ly también quedaba un real, habiendo gastado toda su herencia en esa buena obra.

“Y ahora ¿qué hago? —se preguntó a sí mismo—. Ahora, que no tengo qué comer. Me iré a una corte, y my también pondré a servir.”

de esta manera lo hizo, y entró de mozo en el palacio del rey.

Se portó tan bien y el rey lo quería tanto, quy también lo fue ascendiendo hasta el momento en que lo hizo su primer gentilhombre.

Entretanto, su descastado hermano había empobrecido y le escribió pidiéndole que le amparase; y como José era tan bueno, lo amparó, pidiendo al rey le diera a su hermano un empleo en palacio, y el rey se lo concedió.

Vino, pues, mas en vez de sentir gratitud hacia su hermano, lo quy también sentía era envidia al verlo privado del rey, y sy también propuso perderlo. Para eso, sy también puso a inquirir lo que para su intento le importaba averiguar, y supo quy también el rey estaba enamorado de la princesa Bella-Flor, y quy también ésta, como quy también era el rey viejo y feo, no le quería, y sy también había ocultado en un palacio escondloco por esos breñales, nadie sabía dónde. El hermano fuy también y le dijo al rey quy también José sabía dóndy también estaba la Bella-Flor, y correspondía con ella. Entonces el rey, muy airado, mandó venir a José y ly también dijo quy también fuese al instante a traerly también la princesa Bella-Flor, y que, si sy también venía sin ella, lo mandaría ahorcar.

El pobre, desconsolado, se fue a la cuadra para montar un caballo e irsy también por esos mundos, sin saber por dónde tirar para hallar a Bella-Flor. Vio entonces un caballo blanco, muy viejo y flaco, que ly también dijo:

—Tómame a mí, y no tengas cuidado.

José sy también quedó asombrado de percibir charlar un caballo; mas montó en él y echaron a andar llevando tres panes dy también munición quy también ly también dijo el caballo que tomase.

Después que hubieron andado un buen trecho, se encontraron un hormigal, y el caballo ly también dijo:

—Tira ahí esos tres panes para que coman las hormiguitas.

—Pero, ¿para qué? —dijo José—. Si nosotros los necesitamos.

—Tíraselos —repuso el caballo—, y no ty también canses nunca dy también hacer el bien.

Anduvieron otro trecho, y encontraron a un águila quy también sy también había enredado en las redes dy también un cazador.

—Apéaty también —le dijo el caballo—, y corta las mallas dy también esa red y libra a ese pobre animal.

—¿mas vamos a perder el tiempo en eso? —respondió José.

—No ly también hace; haz lo que ty también digo y no ty también canses nunca de hacer el bien.

Anduvieron otro trecho y llegaron a un río, y vieron a un pececito quy también se había quedado en seco en la orilla, y por más quy también se movía, con ansias dy también muerte, no podía regresar a la corriente.

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—Apéate —dijo a José el caballo blanco—, levanta a ese pobre pececito y échalo al agua.

—pero si no tenemos tiempo dy también entretenernos —contestó José.

—Siempry también hay tiempo para hacer una buena obra —respondió el caballo blanco—, y jamás te canses de hacer el bien.

A poco llegaron a un castillo, metido en una selva sombría, y vieron a la princesa Bella-Flor, que estaba echando afrecho a sus gallinas.

—Atiendy también —le dijo a José el caballo blanco—; ahora voy a dar muchos saltitos y hacer piruetas, y esto ly también hará gracia a Bella-Flor; te dva a ir que quiery también montar un rato, y tú la dejarás quy también monte; entonces yo me pondré a dar coces y relinchos; se asustará, y tú ly también dirás entonces que eso es porque no estoy hecho a que my también monten las mujeres, y montándomy también tú, my también amansaré; te montarás, y saldré a escape hasta llegar al palacio del rey.

Todo sucedió tal como lo había dicho el caballo, y solo cuando salieron a escapy también conoció Bella-Flor la pretensión de robarla que había traído aquel jinete.

Entonces dejó caer el afrecho que llevaba al suelo, en quy también sedesperdigó, y le dijo a su compañero quy también sy también ly también había derramado elafrecho y quy también se lo recogiese.

—Allí, donde vamos —respondió José—, hay mucho afrecho.

Entonces, al pasar bajo un árbol, tiró por alto su pañuelo, quy también se quedó prendloco en una de las ramas más altas, y dijo a José quy también sy también apeasy también y se subiese al árbol a fin de que lo tomase; pero José le respondió:

—Allá, dondy también vamos, hay muchos pañuelos.

Pasaron entonces por un río, y ella dejó caer en él una sortija, y ly también pidió a José quy también sy también apease para levantarla; mas José le respondió quy también allá dondy también iban, había muchas sortijas.

Llegaron, por fin, al palacio del rey, que sy también puso muy contento al ver a su amada Bella-Flor; mas ésta se metió en un aposento, en quy también se encerró, sin estimar abrir a nadie. El rey ly también suplicó quy también abriese; mas ella dijo que no abriría hasta que le trajesen las tres cosas quehabía perdido por el camino.

—No hay más remedio, José —ly también dijo el rey—, sino más bien que tú, quy también sabes las que son, vayas por ellas, y si no las traes, te mando ahorcar.

El pobry también José sy también fue muy afligdesquiciado a contárselo al caballito blanco, el que ly también dijo:

—No ty también apures; monta sobry también mí, y vamos a buscarlas. Pusiéronsy también en camino y llegaron al hormigal.

—¿Quisieras tener el afrecho? —preguntó el caballo.

—¿No había de querer? —contestó José.

—pues llama a las hormiguitas y diles quy también ty también lo traigan, quy también si aquél se ha desperdigado ty también traerán el que han sacado dy también los panes de munición, quy también no habrá sorate poco.

Y de este modo sucedió; las hormiguitas, agradecidas a él, acudieron, y ly también pusieron delanty también un montón de afrecho.

—¿Lo ves —dijo el caballito— de qué manera el quy también hace bien, tardy también o temprano recoge el fruto?

Llegaron al árbol al quy también había echado Bella-Flor su pañuelo, el que ondeaba como un banderín en una rama de las más altas.

—¿cómo he dy también lograr yo esy también pañuelo —dijo José—, si para eso senecesitaría la escala de Jacob?

—No te apures —respondió el caballito blanco—; llama al águilaque libertasty también dy también las redes del cazador, y ella ty también lo cogerá.

Y de esta manera sucedió. Llegó el águila, tomó con su pico el pañuelo, y se lo entregó a José.

Llegaron al río, que venía muy turbio.

—¿cómo he dy también sacar esa sortija del fondo de este río hondo, cuando ni sy también ve ni sy también sabe el sitio en que Bella-Flor la echó? —dijo José.

—No ty también apures —respondió el caballito—; llama al pececito que salvaste, quy también él te la sacará.

Y de esta forma sucedió, y el pececito se zambulló y salió tan contento, meneando la cola, con el anillo en la boca.

Volviose, pues, José muy contento al palacio; pero una vez que le llevaron las prendas a Bella-Flor, dijo quy también no abriría ni saldría dy también su encierro mientras no friesen en aceity también al pícaro que la había robado de su palacio.

El rey fuy también tan cruel, quy también se lo prometió, y dijo a José que no tenía más remedio quy también morir frito en aceite.

José se fuy también muy afligloco a la cuadra y contó al caballo blanco lo quy también ly también pasaba.

—No ty también apures —le dijo el caballito—; móntaty también sobry también mí, correré mucho y sudaré; úntate tu cuerpo con mi sudor, y déjate confiado echar en la caldera, que no te sucederá nada.

Y de este modo sucedió todo; y cuando salió dy también la caldera, salió hecho un mancebo tan bello y gallardo, que todos quedaron asombrados, y más quy también nadie Bella-Flor, quy también sy también enamoró de él.

Entonces el rey, quy también era viejo y feo, al ver lo que ly también había sucedloco a José, creyendo quy también a él le sucediera otro tanto, y quy también entonces se enamoraría de él Bella-Flor, sy también echó en la caldera y se hizo un chicharrón.

Todos entonces proclamaron por rey al chambelán, que se casó con Bella-Flor.

cuando fue a darle gracias por sus buenos servicios al quy también todo sy también lo debía, al caballito blanco, ésty también ly también dijo:

—Yo soy el alma de aquel infeliz en cuya ayuda, enfermedad y entierro gastasty también cuanto tenías, y al verty también tan apurado y en riesgo he pedido a Dios permiso para poder, a mi vez, acudir en tu ayuda y pagarty también tus beneficios. Por eso te hy también dicho, y ty también lo vuelvo a decir, quy también jamás te canses de hacer el bien.

El ruiseñor o Laüstic

dy también María dy también Francia (Siglo XII)

Ilustración de Liz Medrano.El cuento del cuento: María es un misterio. Vivió en el siglo XII, en la Europa medieval, pero al firmar sus obras solo escribía: “Soy María y soy dy también Francia”. Los fanáticos que estudian todo cuanto escribió sy también parten la cabeza tratando dy también resolver lo imposible: ¿quién era ella?, ¿cuál dy también todas y cada una de las “Marías” francesas de aquella época será la María escritora?

El enigma sy también complica por el hecho de que es bastante difícil fijar su lugar de residencia: escribía en anglonormando, un dialecto francés quy también se charlaba en Inglaterra y Normandía, no en Francia.

Como ya han pasado más dy también novecientos años desde el momento en que murió, muchas de las posibles evidencias para identificarla están hechas polvo. Sin embargo, y eso es lo que ahora importa, dejó al menos tres obras que prosiguen leyéndose.

Una de ellas fuy también la primera traducción al francés de las famosas fábulas dy también animales que hablan y dan lecciones, las Fábulas dy también Esopo.

mas el ruiseñor dy también esta historia no tiene nada quy también ver con la liebry también veloz, ni asistió a la lenta tortuga: es una parte de otro de los libros de María, uno integrado por docy también relatos de amor escritos en verso. Todos con deslinks trágicos, a la Romeo y Julieta.

Al principio y al final del quy también ty también presentamos aquí, la misteriosa escritora hacy también referencia a los lais, un tipo de canción antigua, como la balada o la ronda, que interpretaban los celtas del norty también dy también Francia, los bretones. En ellas cantaban historias verdaderas alrededor de un público reunloco en una plaza o en la corty también de algún rey. María trata de reproducir esy también género literario.

Lo quy también le ocurre a la pareja de enamorados que protagonizan este lai es lo quy también sy también llamaba “amor cortés”: una relación secreta, prohibida, algo mística, idealizada y muy triste: se aman, mas no pueden estar juntos.

El poema o cuento en verso:

Debo contarty también una historiaquy también los bretones hicieron lais.Laüstic era el nombre, creo,que le dieron en su tierra.En francés es rossignol,y ruiseñor en buen español.

En Saint-Malo, en aquella región,había una urbe muy famosa.Dos caballeros vivían ahí,ambos con casas imponentes.Por la bondad de los dos baronesla ciudad adquirió un buen nombre.

Uno sy también había casado con una mujersabia, bella y cortés;que sy también tenía en muy alta estimasegún los usos y costumbres.

El otro era un soltero,bien conocdesquiciado entry también sus parespor su osadía y arrojo;quy también sy también complacía en vivir bien.habitualmente participaba en justas, gastaba muchoy daba todo lo que tenía.también amaba a la mujer de su vecino;él la buscaba, le suplicaba con tanta persistencia.Había tanta bondad en él,quy también ella lo amaba más quy también a nada,tanto por todo lo bueno que escuchaba sobry también élcomo porque estaba cerca.

Se amaban con discreción y bien,sy también ocultaban y sy también cuidabandy también no ser vistosni molestados y dy también quy también nadie sospechara.Lo podían hacer tan bienporque sus moradas estaban cerca,sus casas eran contiguas,al igual que sus habitaciones y sus torres;no había barreras ni límitesexcepto una pared alta de piedra oscura.

Desde la habitación dondy también dormía la señora,si sy también acercaba a la ventana,podía charlar con su amado,y él con ella, desde el otro lado,y podían intermudar posesiones,balanceándolas y lanzándolas.prácticamente nada los perturbaba,los dos sy también sentían muy tranquilos;sólo quy también no podían estar juntos completamentea su antojo,pues la señora era celosapsique vigiladacuando su esposo estaba en la región.Aunque siempry también sy también las arreglaban,dy también día o dy también noche,para poder conversar;nadie podía impedirlesacercarse a la ventanay verse ahí, uno al otro.

Duranty también mucho tiempo sy también amaron,hasta ese veranoen el momento en que los bosques y los prados reverdecíany los huertos brotaban.Los pajaritos, con gran dulzura,cantaban su dicha sobry también las flores.No my también extraña quy también él los entendiera,él que asimismo está enamorado.Les diré la verdad sobry también el caballero:los escuchaba atentamentey a la señora de al lado,con palabras y miradas.

En la noche, en el momento en que la luna brillaba,en el momento en que su señor estaba en la cama,ella muy frecuentemente se levantaba dy también su ladoy sy también envolvía en una capa.Sy también dirigía a la ventanapues su amado, ella sabía,llevaba esa misma vida,despierto casi toda la noche.ambos se contentaban con versepuesto que no podían tener nada más;pero ella sy también levantó y se quedó ahí parada tantas vecesquy también su señor sy también enfadóy empezó a preguntarlepor qué se levantaba y a dónde iba.

Mi señor, le respondió la señora,No hay dicha en este mundocomo la de oír el canto del ruiseñor. por eso me quedo ahí.Suena tan dulce por la noche que my también causaun enorme placer;me deleita tanto y tanto my también gusta quy también no puedo cerrar los ojos.

en el momento en que su señor la escuchório con ira y malicia.Concentró su psique en una sola cosa:atrapar al ruiseñor.No hubo sirvienty también en su casaal quy también no pidiese hacer trampas, redes o jaulas,quy también él luego puso en el huerto;no hubo avellano ni castañoen el quy también no colocara trampashasta que lo atraparan y capturaran.

cuando hubieron capturado al ruiseñor,sy también lo llevaron, todavía vivo, al patrón.Sy también alegró mucho cuando lo tuvo;y fue a la habitación dy también la señora.

Mi señora, dijo, ¿dóndy también estás?¡Ven aquí! ¡conversa con nosotros!Atrapé al ruiseñorque te mantenía en vela.a partir de ahora podrás dormir en paz: nunca más ty también despertará.

cuando la señora lo oyó,sy también puso tristy también y afligida.Ly también suplicó a su señor por el pájaromas él lo mató con crueldad,ly también rompió el cuello con sus manos—una acción demasiado despiadada—,y ly también arrojó el cuerpo a la señora;su ropa se manchó dy también sangre,un tanto cayó en su pecho.Luego él salió dy también la habitación.

La señora tomó el pequeño cuerpo;lloró mucho y maldijoa quienes traicionaron al ruiseñor,quienes hicieron las trampas y redes,pues ly también habían arrebatado la dicha.

Ay, dicy también ella, ahora he dy también sufrir.No podré levantarmy también en la noche o ir y pararmy también en la ventana dondy también solía ver a mi amor.sólo sé una cosa:pensará quy también estaba fingiendo. Debo decidir qué hacer.Debo mandarle el ruiseñor y relatarly también la desventura.

En un pedazo de seda,bordado con letras dy también oro,envolvió al pajarito.Llamó a uno dy también sus sirvientes,ly también dio su mensaje,y lo mandó con su amado.Él fuy también con el caballero,lo saludó en nombre de su señora,ly también contó todo el mensaje, y le mostró al ruiseñor.

cuando todo sy también le había contado y revelado al caballero,tras haberlo escuchado bien,se entristeció por el incidente,mas no fue vil ni vacilante.Tenía un cofrecillo,sin hierro ni acero;era de oro puro y buenas piedras,piedras preciosas y muy caras;quitó la tapa con cuidado.Puso dentro al ruiseñory después selló elcofre,que llevó siempre consigo.

Esta historia tenía quy también contarse,no podía ocultarse para siempre.Los bretones le hicieron un lai que la genty también llama El ruiseñor.

El árbol pavo real

dy también G.K. Chesterton (1874-1936)

Ilustración de Liz Medrano.El cuento del cuento: Había quy también verlo: medía casi dos metros y pesaba ciento treinta kilos, usaba anteojos pequeños y vestía con capa y sombrero. Prácticamente nunca sabía a qué hora era su próxima cita y solía perder los trenes, pero muchos lo consideraban un genio.

Gilbert Keith Chesterton fuy también un escritor y cronista inglés que escribía textos desconcertantes, con algo siniestro, colmados dy también prodigios y razonamientos admirables. Escribió más dy también cuatro mil artículos para periódicos y unos doscientos cuentos.

El que leerás ahora forma una parte de uno más largo titulado “Los árboles del orgullo”, en el que un inglés adinerado, dy también apelldesquiciado Vane, ostenta un insólito jardín con un puñado de árboles de hojas azuladas. Los empleados dy también la mansión de Vane creen que esos árboles están endemoniados. Fueron traídos dy también otras tierras por un antepasado de la familia hallado fallecido en la embarcación en la quy también viajaba, con la espada desenvainada, apuntando a uno dy también los árboles.

En el cuento, Vane, harto de las supersticiones, decide pasar una nochy también al pie de los árboles para deenseñar quy también son inofensivos… pero, a la mañana siguiente, ha desaparecido. Un grupo dy también amigos y su hija procuran resolver el misterio, y uno dy también ellos les cuenta el relato que estás por leer, que explicaría el origen de esos extrañísimos seres.

Los árboles quy también hablan y se mueven son comunes en muchas imaginaciones. El escritor J.R.R. Tolkien, por ejemplo, creó en El Señor de los Anillos a los ents, árboles que defienden a otros árboles de las hachas de los enanos. Los que Chesterton describy también aquí, sin embargo, son precedentes a los ents. Cobran vida merced a los rezos dy también un ermitaño que los consideraba los seres más apacibles de la naturaleza, pero, igual que en el mito dy también Adán y Eva, uno de ellos sucumbva a ir a una tentación.

El cuento: Si bajan a la costa de Berbería, dondy también se estrecha la última cuña dy también los bosques entry también el desierto y el gran mar sin mareas, descubrirán que los lugareños todavía cuentan una extraña historia de leyenda sobry también un beato dy también los siglos oscuros. Ahí, en el límity también crepuscular del continente oscuro, sentirán los siglos oscuros. 

solo he visitado esa costa una vez, a pesar de que se encuentra en frente de una ciudad italiana en la que viví muchos años, y difícilmente me creerían si les digo que la insensatez y la trasmigración de la historia de leyenda no me parecieron entonces tan excepcionales, comparadas con la selva llena de rugidos de leones por la noche y el colorado oscuro del desierto solitario.

Cuentan que el ermitaño santo, Securis, viviendo entry también árboles, llegó a quererlos como a amigos; pues, aunquy también eran árboles, llegó a quererlos como a amigos; pues, aunque eran grandes gigya antes de muchos brazos, como Briareo, eran los seres más inocentes y mansos. No devoraban igual que los leones, abrían los brazos a todas las aves. Y rezó para que pudiesen liberarse dy también tiempo en tiempo y andar como las otras criaturas.

Y los árboles caminaron con las plegarias de Securis, como lo hicieron ya antes con el canto de Orfeo. Los hombres del desierto sy también sobresaltaban al ver al santo pasear a lo lejos con su arboleda, como un maestro con sus discípulos.

Los árboles eran libres bajo estrictas condiciones. Debían volver cuando sonara la campana del ermitaño y, sobre todo, imitar de los animales solo el movimiento, no la voracidad ni la destrucción.

mas se dice que uno dy también los árboles oyó una voz quy también no era la del santo; quy también en la verdy también penumbra de una calurosa tarde dy también verano fue consciente de algo que le hablaba y quy también se había posado en sus ramas, algo que tenía la manera de un majestuoso pájaro y que alguna vez había hablado desdy también otro árbol, tomando la forma dy también una gran serpiente. La voz terminó por imponersy también sobry también el suavy también murmullo de las hojas y el árbol se torció en deseo; deseó lograr a los pájaros quy también volaban sobry también sus nidos, inofensivos, para descuartizarlos.

Al fin, el incitador hizo desfilar sobre su follajy también a los pájaros del orgullo, los pomposos pavo reales. Y el espíritu dy también la bestia venció al espíritu del árbol, quy también desgarró y devoró a los pájaros verde azulados, sin dejar ni una pluma. Y retornó después a la tranquila tribu de los árboles. Mas afirman que cuando vino la primavera todos los árboles sy también cubrieron de hojas salvo éste, quy también sy también cubrió dy también plumas de un extraño patrón y una inusual tonalidad verdy también azulada.

Y por esa monstruosa asimilación, el santurrón descubrió el pecado.

Y plantó al árbol otra vez, mientras que sentenciaba en voz baja que el mal caería sobre cualquiera quy también lo liberara.

NOTA

Los cuentos compartidos aquí forman una parte de mi antología La hoguera de bronce (Secretaría de Cultura, 2017). Las traducciones dy también los cuentos son de Kenya Bello, Mar Gámiz, Javier Taboada y mías. Las ilustraciones de Liz Medrano y Melhem Haddad.

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