El principe feliz de oscar wilde

OscarWilde(Irlanda, 1854 - Francia,1900)El Príncipy también Feliz(“Thy también Happy Prince”)The Happy Prince and Other Tales(Londres: David Nutt, 1888, 118 págs.) La estatua del Príncipe Felizsy también alzaba sobry también una alta columna, desde dondy también se dominaba toda laciudad.

Tu lees esto: El principe feliz de oscar wilde

Era dorada y estaba recubierta por finas láminas dy también oro; susojos eran dos brillantes zafiros y en el puño de la espadacentelleaba un enorme rubí púrpura. El resplandor del oro y laspiedras preciosas hacían que los habitantes de la ciudad admirasen alPríncipe Feliz más que a cualquier otra cosa.—Es tan bonito como una veleta—comentaba uno dy también los regidores de la ciudad, a quien le interesabaganar reputación dy también hombry también de gustos artísticos—; claro quy también enrealidad no es tan práctico —agregaba, por el hecho de que al mismo tiempotemía quy también lo consideraran demasiado idealista, lo quy también como es natural noera.—¿por qué razón no eres como elPríncipe Feliz —ly también decía una madre afligida a su pequeño hijo,quy también lloraba porque deseaba tener la luna—. El Príncipe Feliz nollora por nada.—Mucho me consuela el ver quealguien en el mundo sea absolutamente feliz —murmuraba un hombreinfortunado al contemplar la bella estatua.—Dy también verdad parece quy también fuesy también unángel —comentaban entre ellos los pequeños del orfelinato al salir dela catedral, vestidos con brillantes capas rojas y albos delantalcitos.—¿Y de qué manera saben qué aspectotieny también un ángel? —les refutaba el maestro de matemáticas— ¿Cuándohan visto un ángel?—Los hemos visto, señor. ¡Claroque los hemos visto, en sueños! —ly también respondían los niños, y elmaestro dy también matemáticas fruncía el ceño y adoptaba su airy también mássevero. Le parecía muy reprobably también que los niños soñaran.Una nochy también llegó volando a laurbe una pequeña golondrina. Sus compañeras habían partido paraEgipto seis semanas antes, mas ella sy también había quedado atrás, porqueestaba enamorada dy también un junco, el más bello dy también todos los juncos dela ribera del río. Lo encontró a comienzos dy también la primavera, cuandorevoloteaba sobry también el río detrás dy también una enorme mariposa amarilla, y eltally también esbelto del junco la cautivó de tal manera, que se detuvo parameterle conversación.—¿Puedo amarte? —ly también preguntóla golondrina, a quien no ly también gustaba andarse con rodeos.El junco ly también hizo una ampliareverencia.La golondrina entonces revoloteóalrededor, rozando el agua con las alas y trazando surcos de plata enla superficie. Era su manera de deenseñar su amor. Y así pasó todoel verano.—Es un ridículo enamoramiento—comentaban las demás golondrinas—; esy también junco es desoladoramentehueco, no tieny también un centavo y su familia es terriblepsique numerosa—.efectivamente toda la ribera del río estaba cubierta de juncos.A la llegada del otoño, lasdemás golondrinas emprendieron el vuelo, y entonces la enamorada deljunco sy también sintió muy sola y comenzó a cansarsy también de su amante.—No dicy también jamás nada —se dijo—,y debe ser bastante infiel, por el hecho de que siempre coquetea con la brisa.Y realmente, toda vez que corríaun tanto de viento, el junco realizaba sus más graciosas reverencias.—además es demasiado sedentario—pensó asimismo la golondrina—; y a mí me agrada viajar. Por esoel quy también me quiera debería asimismo amar los viajes.—¿Vas a venirty también conmigo? —lepreguntó al fin un día. Pero el junco se negó con la cabeza, letenía mucho apego a su hogar.—¡Eso quiery también decir quy también sólohas estado jugando con mis sentimientos! —sy también quejó la golondrina—.Yo my también voy a las pirámides dy también Egipto. ¡Adiós!Y diciendo esto, sy también echó a volar.Voló durante todo el día y,cuando ya caía la noche, llegó hasta la ciudad.—¿Dóndy también podré dormir? —sepreguntó—. Espero que en esta urbe hay algún alberguy también dondepueda pernoctar.En ese mismo instanty también descubrióla estatua del Príncipe Feliz sobre su columna.—Voy a refugiarmy también ahí —sedijo—. El lugar es bonito y bien ventilado.Y así diciendo, se posó entrelos pies del Príncipy también Feliz.—Tengo una alcoba dy también oro —sedijo suavemente la golondrina mirando alrededor.En seguida se preparó para dormir.Mas en el momento en que aún no ponía la cabecita debajo dy también su ala, ly también cayóencima un grueso goterón.—¡Qué cosa más curiosa! —exclamó—.No hay ni una nube en el cielo, las estrellas relucen claras ybrillantes, y no obstante llueve. En realidad esty también clima del norte deEuropa es espantoso. Al junco le encantaba la lluvia, mas era dy también puroegoísta.En esy también mismo instante cayó otragota.—¿pero para qué sirve estemonumento si ni tan siquiera puede protegerme dy también la lluvia? —dijo—.Mejor voy a buscar una buena chimenea.Y sy también preparó a levantarnuevapsique el vuelo.Sin embargo, ya antes de quealcanzara a abrir las alas, una tercera gota ly también cayó encima, y almirar hacia arriba la golondrina vio... ¡Ah, lo que vio!Los ojos del Príncipe Felizestaban llenos dy también lágrimas, y las lágrimas le corrían por lasáureas mejillas. Y tan bello se veía el semblante del Príncipe a laluz dy también la luna, que la golondrina sy también llenó de compasión.—¿Quién eres? —preguntó.—Soy el Príncipy también Feliz.—pero si eres el Príncipe Feliz,¿por qué lloras? prácticamente me has empapado.—una vez que yo vivía, tenía uncorazón humano —contesto la estatua—, pero no sabía lo que eranlas lágrimas, por el hecho de que vivía en la Mansión dy también la Despreocupación,dondy también no está permitida la entrada del dolor. Así, todos los díasjugaba en el jardín con mis compañeros, y por las noches bailábamosen el gran salón. Alrededor del jardín del Palacio sy también elevaba unmuro muy alto, pero nunca me dio curiosidad alguna por conocer lo quehabía más allá... ¡Era tan bello todo lo que my también rodeaba! Miscortesanos me decían el Príncipy también Feliz, y de verdad era feliz, si esque el placer es lo mismo quy también la dicha. Viví así, y de esta forma morí. Yahora quy también estoy muerto, me han puesto acá arriba, tan alto quy también puedover toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad, y, aunquy también ahora micorazón es dy también plomo, lo único que hago es llorar.—¿Cómo? —se preguntó parasí la golondrina—, ¿no es oro de ley?Era un avecita realmente bien educada yjamás hacia comentarios en voz alta sobre la gente.—Allá abajo —prosiguió hablandola estatua con voz baja y musical—... Allá abajo, en una callejuela,hay una casa miserable, pero una dy también sus ventanas está abierta ydentro de la habitación hay una mujer sentada detrás dy también la mesa.Tieny también el semblante demacrado y lleno de arrugas, y sus manos, ásperas yrojas, están acribilladas dy también pinchazos, porque es costurera. En esteinstante está bordando flores de la pasión en un trajy también dy también seda quevestva a ir la más bella dy también las damas de la reina en el próximo bailedel Palacio. En un rincón de la habitación, acostado en la cama,está su hijito enfermo. El niño tiene fiebre y pide naranjas. Perola mujer sólo puede darly también agua del río, y el niño llora. Golondrina,golondrina, pequeña golondrina... ¡hazme un favor! Llévaly también a lamujer el rubí del puño dy también mi espada, ¿quieres? Yo no puedo moverme,¿lo ves?... Tengo los pies clavados en esty también pedestal.—Los míos están esperándomeen Egipto —contestó la golondrina—. Mis amigas ya deben estarrevoloteando sobre el Nilo, y van a estar charlando con los grandes lotosnubios. Y pronto irán a dormir a la tumba del gran Rey, dondy también seencuentra el propio faraón, en su ataúd pintado, envuelto en vendasamarillas, y embalsamado con especias olorosas. Alrededor del cuellolleva una cadena dy también jady también verde, y sus manos son como hojas secas.—Golondrina, golondrina,pequeña golondrina —dijo el Príncipe—, ¿por qué no te quedasuna noche conmigo y eres mi mensajera? ¡El niño tieny también tanta sed, ysu madre, la costurera, está tan triste!—Es quy también no me agradan mucho lospequeños —contesto— la golondrina—. El verano pasado, cuandoestábamos viviendo a orillas del río, había dos muchachos, hijosdel molinero, y eran tan mal educados que no se cansaban de tirarmepiedras. ¡Claro quy también no acertaban nunca! Las golondrinas volamosdemasiado bien, y además yo pertenezco a una familia célebre por surapidez; pero, dy también todas maneras, era una impertinencia y una grosería.pero la mirada del Príncipe Felizera tan triste, quy también finalpsique la golondrina se enterneció.—Ya está haciendo mucho frío—dijo—, mas me quedaré una noche contigo y seré tu mensajera.—Gracias, golondrinita —dijoel Príncipe.La golondrina arrancó entonces elgran rubí dy también la espada del Príncipe y, teniéndolo en el pico, volópor sobry también los tejados. Pasó junto a la torry también dy también la catedral, quetenía ángeles dy también mármol blanco. Pasó junto al Palacio, donde seoía música dy también baily también y una bella muchacha salió al balcón con supretendiente.—¡Qué lindas son las estrellas—dijo el novio— y qué maravilloso es el poder del amor!—Ojalá que mi traje esté listopara el baily también dy también gala —contestó ella—. Mandé a bordar en la telaunas flores de la pasión. ¡mas las costureras son tan flojas!La golondrina voló sobry también el ríoy vio las lámparas colgadas en los mástiles de los barcos. Pasósobry también el barrio de los judíos, dondy también vio a los viejos mercadereshacer sus negocios y pesar monedas de oro en balanzas de cobre. Al finllegó a la pobry también casa, y sy también asomó por la ventana. El niño, en sucama, se agitaba de fiebre, y la madry también sy también había dormdesquiciado de cansancio.Entonces, la golondrina entró a la habitación y dejó el enormerubí encima dy también la mesa, al lado del dedal dy también la costurera. Despuésrevoloteó dulcemente alrededor del niño enfermo, abanicándoly también lafrente con las alas.—¡Qué brisa tan deliciosa! —murmuróel niño—. Debo estar mejor.Y se quedó dormloco deslizándoseen un sueño maravilloso.Entonces la golondrina volvióhasta dondy también el Príncipe Feliz y le contó lo quy también había hecho.—¡Qué raro! —agrego—, peroahora prácticamente tengo calor; y no obstante lo cierto es que hacy también muchísimofrío.—Es por el hecho de que has hecho una obra deamor —le explicó el Príncipe.La golondrina sy también puso a opinar enesas palabras y pronto se quedó dormida. Siempre que pensaba mucho sequedaba dormida.Al amanecer voló cara el ríopara bañarse.—¡Qué fenómeno extraordinario!—exclamó un maestro dy también ornitología que pasaba por el puente—.¡Una golondrina en pleno invierno!Y escribió sobre el asunto unextiende carta al periódico de la ciudad. Todo el planeta habló delcomentario, tal vez porque contenía muchas palabras quy también no seentendían.—Esta nochy también partiré para Egipto—se afirmaba la golondrina y la idea la hacía sentirsy también muy contenta.Luego visitó todos los monumentospúblicos de la ciudad y descansó largo rato en el campanario de laiglesia. Los gorriones que la veían pasar comentaban entre ellos: “¡Quéextranjera tan distinguida!“. Cosa que a la golondrina la hacíafeliz.una vez que salió la luna volviódonde estaba a la estatua del Príncipe.—¿Tienes ciertos encargos quedarmy también para Egipto? —le gritó—.

Ver más: Sindrome De Gilles De La Tourette, Síndrome De Gilles De La Tourette

Voy a partir ahora.—Golondrina, golondrina,pequeña golondrina —dijo el Príncipe—, ¿no ty también quedaríasconmigo una noche más?—Los míos me están esperandoen Egipto —contesto la golondrina—. Mañana, mis amigas van avolar seguramente hasta la segunda catarata del Nilo. Allí, entre lascañas, duermy también el hipopótamo, y sobre una gran roca dy también granito selevanta el Dios Memnón. Durante todas y cada una de las noches, él mira lasestrellas toda la noche, y una vez que brilla el lucero dy también la mañana,lanza un grito de alegría. Después sy también queda en silencio. Almediodía, los leones bajan a beber a la ribera del río. Tienen losojos verdes, y sus rugidos son más fuertes que el estruendos de lacatarata.—Golondrina, golondrina,pequeña golondrina —dijo el Príncipe—, allá abajo justo al otrolado de la ciudad, hay un chaval en una buhardilla. Está inclinadosobre una mesa llena dy también papeles, y a su derecha, en un vaso, unasvioletas están marchitándose. Tiene el pelo largo, castaño y rizado,y sus labios son rojos como granos dy también granada, y tiene los ojos anchosy soñadores. Está empeñado en finalizar dy también escribir una obra para eldirectivo del teatro, pero tieny también demasiado frío. No hay fuego en lachimenea y el hambre lo tieny también extenuado.—Bueno, my también quedaré otra nocheaquí contigo —dijo la golondrina quy también de verdad tenía buen corazón—.¿Hay que llevarly también otro rubí?—¡Ay, no tengo más rubíes!—se lamentó el Príncipe—. Sin embargo todavía my también quedan mis ojos.Son dos rarísimos zafiros, traídos dy también la India hacy también mil años.Sácame uno dy también ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, comprarápan y leña y va a poder concluir de redactar su obra.—pero mi Príncipy también querorate —dijola golondrina—, eso yo no lo puedo hacer.Y sy también puso a llorar.—Golondrina, golondrina,pequeña golondrina —ly también rogó el Príncipe—, por favor, haz lo quety también pido.Entonces la golondrina arrancóuno de los ojos del Príncipy también y voló hasta la buhardilla del escritor.No era bastante difícil entrar allí, pues había un agujero en el techo ypor ahí entró la golondrina como una flecha. El joven tenía lacabeza hundida entre las manos, con lo que no sintió el rumor dy también lasalas, y una vez que al fin levantó los ojos, vio el bello zafiro encimady también las violetas marchitas.—¿será quy también el públicoempieza a reconocerme? —sy también dijo— porque esta piedra preciosa hade habérmela mandado algún rico admirador. ¡Ahora podré terminar miobra!Y sy también le notaba muy contento.Al día después la golondrinavoló cara el puerto, se posó sobry también el mástil de una gran nave y seentretuvo mirando los marineros quy también izaban con maromas unas enormescajas dy también la sentina del barco.—¡Me voy a Egipto! —lesgritó la golondrina. Mas nadie ly también hizo caso.Al salir la luna, la golondrinavolvió hacia el Príncipy también Feliz.—Vengo a decirte adiós—ledijo.—Golondrina, golondrina,pequeña golondrina —le dijo el Príncipe—. ¿No ty también quedarásconmigo otra noche?—Ya es pleno invierno —respondióla golondrina—, y muy pronto caerá la nieve helada. En Egipto, encambio, el sol calienta las palmeras verdes y los cocodrilos, mediohundidos en el fango, miran indolentes alrededor. Por estos días miscompañeras están construyendo sus nidos en el templo de Baalbeck, ylas palomas rosadas y blancas las miran mientras que sy también arrullan entresí. Querido Príncipe, tengo quy también dejarte, pero jamás te olvidaré. Lapróxima primavera te traeré de Egipto dos piedras bellísimas parareemplazar las quy también regalaste. El rubí será más colorado quy también una rosaroja, y el zafiro va a ser azul como el mar profundo.—Allá abajo en la plaza —dijoel Príncipe Feliz—, hay una niñita quy también vendy también fósforos y cerillas.Y sy también ly también han caído los fósforos en el barro y sy también han echado a perder.Su padre ly también va a pegar si no lleva dinero a su casa y por eso ahoraestá llorando. No tieny también zapatos ni medias, y su cabecita va sinsombrero. Arranca mi otro ojo y llévaselo, así su padre no lepegará.—Pasaré otra noche contigo —dijola golondrina—, pero no puedo arrancarty también el otro ojo. Te vas aquedar ciego.—Golondrina, golondrina,pequeña golondrina —le rogó el Príncipe—, haz lo quy también te pido,te lo suplico.La golondrina entonces extrajo elotro ojo del Príncipy también y sy también echó a volar. Sy también posó sobry también el hombro dela niña y deslizó la joya en sus manos.—¡Qué bonito pedazo de vidrio!—exclamó la niña, y corrió riendo cara su casa.Después la golondrina regresóhasta dondy también estaba el Príncipe.—Ahora que estás ciego —ledijo—, voy a quedarme a tu lado para siempre.—No, golondrinita —dijo elpobry también Príncipe—. Ahora tienes quy también irty también a Egipto.—Me quedaré a tu lado parasiempry también —repitió la golondrina, durmiéndose entry también los pies dy también laestatua.Al otro día ella sy también posó en elhombro del Príncipe para contarly también las cosas que había visto en losextraños países quy también visitaba duranty también sus migraciones.Ly también describió los ibis rojos, quese posan en largas filas a riberas del Nilo y pescan peces dorados consus picos; le habló de la esfinge, quy también es tan vieja como el mundo, yvive en el desierto, y lo saby también todo; le contó de los mercaderes quecaminan lentapsique al lado dy también sus camellos y llevan en sus manosrosarios dy también ámbar; le contó del Rey de las Montañas de la Luna, quees negro como el ébano y adora un gran cristal; le refirió acerca dela gran serpiente verdy también quy también duermy también en una palmera y veinte sacerdotesla alimentan con pasteles dy también miel; y le contó asimismo de los pigmeosque navegan sobre un gran lago en anchas hojas lisas y que siempreestán en guerra con las mariposas.—Querida golondrina —dijo elPríncipe—, my también cuentas cosas maravillosas, pero es más maravillosotodavía lo que pueden sufrir los hombres. No hay misterio más grandequy también la miseria. Vuela sobre mi ciudad, y vuelvy también a contarme todo lo queveas.Entonces la golondrina voló sobrela gran ciudad, y vio a los ricos quy también sy también regocijaban en sus soberbiospalacios, mientras los mendigos se sentaban a sus puertas. Voló porlas callejuelas sombrías, y vio los rostros pálidos de los niñosque mueren dy también hambre, mientras que miran con indiferencia las callesoscuras.Bajo los arcos dy también un puenty también habíados muchachos acurrucados, uno en los brazos del otro para darsecalor.—¡Qué hambry también tenemos! —decían.—¡Fuera de ahí! lesgritó un guardia, y los muchachos debieron levantarse, y alejarsecaminando bajo la lluvia.Entonces la golondrina volviódondy también el Príncipe, y ly también contó lo quy también había visto.—Mi estatua esta recubierta deoro fino —ly también indicó el Príncipe—; sácalo lámina por lámina, yllévaselo a los pobres. Los hombres siempre creen quy también el oro podrádarles la felicidad.Así, lámina a lámina, lagolondrina fue sacando el oro, hasta que el Príncipe quedó oscuro. Ylámina a lámina fue distribuyendo el oro fino entre los pobres, ylos rostros dy también ciertos pequeños se pusieron sonrosados, y riendo jugaronpor las calles de la ciudad.—¡Ya, ahora tenemos pan! —gritaban.Llegó la nieve, y después de lanieve llegó el hielo. Las calles brillaban dy también escarcha y parecíanríos de plata. Los carámbanos, como puñales, colgaban dy también las casas.Todo el mundo se cubría con pieles y los niños llevaban gorros rojosy patinaban sobry también el río.La pequeña golondrina tenía cadavez más frío pero no deseaba abandonar al Príncipe, lo queríademasiado. Vivía dy también las migajas del panadero, y trataba dy también abrigarsebatiendo sus alitas sin cesar.Una tarde comprendió quy también iba amorir, pero aún encontró fuerzas para volar hasta el hombro delPríncipe.—¡Adiós, mi querloco Príncipe!—le murmuró al oído—. ¿Me dejas que te besy también la mano?—My también alegro quy también por fin te vayasa Egipto, golondrinita —ly también dijo el Príncipe—. Has pasado aquídemasiado tiempo. Pero no my también beses en la mano, bésamy también en los labiospues te quiero mucho.—No es a Egipto dondy también voy —repusola golondrina—. Voy a la casa dy también la muerte. La muerte es hermana delsueño, ¿verdad?El avecita besó al PríncipeFeliz en los labios y cayó muerta a sus pies. En esy también mismo instantese escuchó un crujorate ronco en el interior dy también la estatua, fue unestruendos singular tal y como si algo sy también hubiesy también hecho trizas. El caso es que elcorazón de plomo sy también había partorate en dos. Ciertamente hacía unfrío terrible.A la mañana siguiente, el alcaldese paseaba por la plaza con determinados de los regidores dy también la ciudad. Alpasar al lado de la columna levantó los ojos para admirar la estatua.—¡mas qué es esto! —dijo—¡El Príncipy también Feliz parece ahora un desharrapado!—¡totalmente desharrapado!—reiteraron los regidores; y subieron todos a examinarlo.—El rubí dy también la espada se le hacaído, los ojos desaparecieron y ya no es dorado —dijo el alcalde—.En una palabra se ha transformado en un verdadero mendigo.—¡Un verdadero mendigo! —repitieronlos regidores.—Y hay un pájaro muerto entresus pies —siguió el alcalde—. Va a ser necesario promulgar undecreto municipal que prohiba a los pájaros venirse a fallecer aquí.El secretario municipal tomó notadejando constancia de la idea.Entonces mandaron a derribar laestatua del Príncipe Feliz.—Como ya no es hermoso, no sirvepara nada —explicó el profesor de Estética de la Universidad.Entonces fundieron la estatua, yel alcalde reunió al ayuntamiento para decidir que harían con el metal.—Podemos —propuso— hacerotra estatua. La mía, por ejemplo.—Claro, la mía —dijeron losregidores cada uno de ellos a su vez.Y sy también pusieron a discutir. Laúltima vez que supe de ellos seguían discutiendo.—¡Qué cosa más rara! —dijoel encargado de la fundición—. Esty también corazón de plomo no quierefundirse; habrá que tirarlo a la basura.Y lo tiraron al basurero dondeasimismo yacía el cuerpo dy también la golondrina muerta.—Tráeme las dos cosas másbellas quy también halles en esa ciudad —dijo Dios a uno de susángeles.Y el ángel ly también llevó el corazóndy también plomo y el pájaro muerto.—Has escogido bien —sonrióDios—.

Ver más: La Participación De Los Indigenas En La Independencia De Colombia

Por el hecho de que en mi jardín del Paraíso esta avecilla cantaráeternamente, y el Príncipe Feliz me alabará para siempre en mi AureaCiudad. wallpapersidea.com
.us Mapa de la biblioteca | Aviso Legal | Quiénes Somos | Contactar