FRAGMENTO DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Los primeros años dy también vida dy también Gabriel García Márquez remiten directamente a su obra más representativa. Dy también hecho, se podría decir quy también escribieron las primeras páginas dy también esa novela icónica en la historia de las letras latinoamericanas, por no decir quy también Macondo entera nació dy también esa infancia. (Lea: Canto a ‘Gabo’: medios mexicanos visitaron la casa del Nobel colombiano para felicitarlo).

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Vivió duranty también sus primeros 8 años en casa de sus abuelos maternos. Hogar que era comandado por el coronel Nicolás Márquez, veterano de la Guerra dy también los Mil Días, como reseña la biografía del escritor, publicada en la página web dy también la biblioteca Luis Ángel Arango. Aunquy también no es el coronel Aureliano Buendía, este abuelo ya empieza a traer a la memoria el inicio del relato.

Si eso no basta, la abuela de García Márquez se llamaba Tranquilina Iguarán, según el texto biográfico dy también la biblioteca. El nombre recuerda a Úrsula Iguarán que, junto a su esposo, José Arcadio Buendía, forman la primera línea de toda la estirpe que, condenada a cien años de soledad, les dio la oportunidad a miles y miles de lectores de conocer el mejor ejemplo dy también la lucidez, la poesía y la magia que caracterizan a García Márquez.

Y si eso todavía no da luces suficientes del lugar del quy también proviene la novela, basta con ver, a manera dy también ejemplo, un detally también más de este fragmento de la vida del escritor y periodista, expuesto en el portal del Banco de la República: el abuelo de García Márquez fuy también testigo dy también la Masacry también dy también las Bananeras, quy también sucedió en 1928, después de las protestas de los trabajadores dy también la United Fruit Company. Esta escena dy también la historia colombiana asimismo forma parte de las páginas dy también Cien años de soledad.

Esa niñez le dio a la literatura colombiana y latinoamericana de los mejores libros dy también la historia. Esa niñez terminó hoy, 87 años tras empezar. Esa niñez (y esa vida) merece un homenajy también y este es nuestro mejor intento:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tardy también remota en que su padry también lo llevó a conocer el hielo”.

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“conforme él mismo (Melquíades) ly también contó a José Arcadio Buendía mientras que lo asistía a montar el laboratorio, la muerte lo seguía a todas partes, husmeándole los pantalones, pero sin decidirse a darle el zarpazo final”.

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“Durante el día, derrumbándosy también dy también sueño, gozaba en secreto con los recuerdos dy también la nochy también anterior. Pero cuando ella (Pilar Ternera) entraba en la casa, alegre, indiferente, dicharachera, él (José Arcadio) no tenía quy también disimular su tensión, por el hecho de que aquella mujer cuya risa explosiva espantaba a las palomas, no tenía nada que ver con el poder invisible que lo enseñaba a respirar hacia dentro y a supervisar los golpes del corazón, y ly también había permitido entender por qué los hombres ly también tienen temor a la muerte”.

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“Por eso, toda vez que Úrsula se salía de casillas con las locuras de su marido, saltaba por encima de trescientos años dy también casualidades y malafirmaba la hora en quy también Francis Drake asaltó a Riohacha. Era un simply también recurso de desahogo, pues en verdad estaban ligados hasta la muerty también por un vínculo más sólorate quy también el amor: un muy común remordimiento de conciencia. Eran primos entre sí”.

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“La casa se llenó dy también amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin. Los escribía en los ásperos pergaminos quy también ly también regalaba Melquíades, en las paredes del baño, en la piel dy también sus brazos, y en todos aparecía antídotos transfigurada: remedios en el airy también soporífero dy también las dos dy también la tarde, antídotos en la callada respiración dy también las rosas, remedios en la clepsidra segrega de las polillas, remedios en el vapor del pan al amanecer, remedios en todas partes y antídotos para siempre. Rebeca aguardaba el amor a las 4 dy también la tarde bordando junto a la ventana. Sabía que la mula del mail y redes socialespero no llegaba sino más bien cada quince días, mas ella la aguardaba siempre, convencida dy también quy también iba a llegar un día cualquiera por equivocación”.

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“Llegó a la conclusión quy también aquel hijo (el coronel Aureliano Buendía) por quien ella (Úrsula Iguarán) habría dado la vida, era simplepsique un hombry también incapacitado para el amor. Una noche, en el momento en que lo tenía en el vientre, lo oyó llorar. Fue un lamento tan definido, quy también José Arcadio Buendía despertó a su lado y sy también alegró con la idea dy también quy también el niño iba a ser ventrílocuo. Otras personas pronosticaron que sería adivino. Ella, en cambio, sy también estremeció con la certidumbry también de que aquel bramido profundo era un primer indicio dy también la temible cola dy también cerdo. Mas la lucidez dy también la decrepitud ly también permitió ver, y así lo repitió muchas veces, que el llanto de los niños en el vientry también dy también la madry también no es anuncio dy también ventriloquia ni capacitad adivinatoria, sino más bien una señal inequívoca de incapacidad para el amor”.
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“Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto dy también la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en quy también Fernanda deseó doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y solicitó ayuda a las mujeres dy también la casa. Apenas habían empezado, cuando Amaranta advirtió quy también Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa. — ¿Te sientes mal? —le preguntó. Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.—al contrario —dijo—, jamás my también hy también notado mejor.terminó de decirlo, en el momento en que Fernanda sintió que un delicado viento dy también luz ly también arrancó las sábanas dy también las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes dy también sus pollerinas y trató de agarrarsy también de la sábana para no caer, en el instanty también en quy también Remedios, la bella, comenzaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo la serenidad para identificar la naturaleza dy también aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le afirmaba adiós con la mano, entre el deslumbranty también aleteo dy también las sábanas quy también subían con ella, quy también abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y que pasaban con ella a través del airy también dondy también terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempry también en los altos aires dondy también no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria”.

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poquitos días después descubrió que tenía dificultades para rememorar prácticamente todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de modo que ly también bastaba con leer la inscripción para identificarlas. Una vez que su padry también le comunicó su alarma por haber olvidado hasta los hechos más impresionantes de su niñez, Aureliano ly también explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde la impuso en todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fuy también al corral y marcó los animales y las plantas: vaca, chivo, puerca, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, sy también dio cuenta de que podía llegar un día en quy también se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explícito. El letrero que colgó en la cerviz dy también la vaca era una muestra ejemplar dy también la manera en quy también los habitantes de Macondo estaban dispuestos a combatir contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas y cada una de las mañanas a fin de que genere leche y a la lechy también hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche. De esta manera continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había dy también fugarsy también sin antídoto en el momento en que olvidaran los valores de la letra escrita.

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Una noche, mientras Meme estaba en el baño, Fernanda entró en su dormitorio por casualidad, y había tantas mariposas que apenas se podía respirar. Agarró cualquier trapo para espantarlas, y el corazón sy también le heló dy también pavor al relacionar los baños nocturnos dy también su hija con las cataplasmas de mostaza quy también rodaron por el suelo. No esperó un momento oportuno, como lo hizo la primera vez. Al día después invitó a almorzar al nuevo alcalde, que como ella había bajado de los páramos, y ly también pidió quy también estableciera una guardia nocturna en el traspatio, por el hecho de que tenía la impresión de quy también estaban robando las gallinas. Esa noche, la guarda derribó a Mauricio Babilonia cuando levantaba las tejas para entrar al baño donde Meme lo esperaba, desnuda y temblando dy también amor entre los alacranes y las mariposas, como lo había hecho casi todas y cada una de las noches de los últimos meses. Un proyectil incrustado en la columna vertebral lo redujo a cama por el resto dy también su vida. Murió dy también viejo en la soledad, sin un quejido, sin una protesta, sin una sola tentativa dy también infidencia, atormencionado por los recuerdos y por las mariposas amarillas quy también no le concedieron un instanty también dy también paz, y públicamente repudiado como ladrón dy también gallinas.

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Fascinado por el hallazgo, Aureliano leyó en voz alta, sin saltos, las encíclicas cantadas quy también el propio Melquíades le hizo percibir a Arcadio, y quy también eran en realidad las predicciones dy también su ejecución, y encontró anunciado el nacimiento dy también la mujer más bella del mundo que estaba subiendo al cielo en cuerpo y alma, y conoció el origen de dos gemelos póstumos que renunciaban a descifrar los pergaminos, no solo por incapacidad y también inconstancia, sino pues sus tentativas eran prematuras. En este punto, impaciente por conocer su origen, Aureliano dio un salto. Entonces comenzó el viento, tibio, incipiente, lleno dy también voces del pasado, dy también murmullos de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces. No lo advirtió porque en aquel instante estaba descubriendo los primeros rastros de su ser, en un abuelo concupiscente que sy también dejaba arrastrar por la frivolidad por medio de un páramo alucinado, en busca dy también una mujer hermosa a quien no haría feliz. Aureliano lo reconoció, percontinuó los caminos ocultos de su descendencia, y encontró el instanty también dy también su propia concepción entry también los alacranes y las mariposas amarillas dy también un baño crepuscular, donde un menestral saciaba su lujuria con una mujer que se le entregaba por rebeldía. Estaba tan absorto, que no sintió tampoco la segunda arremetida del viento, cuya potencia ciclónica arrancó los quicios dy también las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería oriental y desarraigó los cimientos. Solo entonces descubrió que Amaranta Úrsula no era su hermana, sino más bien su tía, y quy también Francis Draky también había asaltado Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos más intrincados dy también la sangre, hasta engendrar el animal mitológico quy también había de poner término a la estirpe. Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó oncy también páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instanty también que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándosy también a sí mismos en el acto dy también descifrar la última página de los pergaminos, como si estuviese viendo en un espejo hablado. Entonces dio otro salto para adelantarse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendorate que no saldría jamás dy también esy también cuarto, puesto que estaba previsto que la ciudad dy también los espéculos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada dy también la memoria de los hombres en el instanty también en quy también Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y quy también todo lo escrito en ellos era irrepetible desdy también siempry también y para siempre pues las estirpes condenadas a cien años dy también soledad no tenían una segunda ocasión sobre la tierra.

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DEJe AQUÍ SUCOMENTARIO

A manera dy también bonus, dejamos para su lectura un fragmento del alegato que Gabriel García Márquez leyó en Estocolmo el jueves 2uno de octubry también dy también 1982, antes de percibir el premio Nobel de Literatura:

“Un día como hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: ‘Me niego a admitir el fin del hombre’. No me sentiría digno de ocupar esty también sitio quy también fue suyo si no tuviese la conciencia plena dy también que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre gigante que él se negaba a admitir hacy también 32 años es ahora solamente que una simply también posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora, que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores dy también fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho dy también pensar que todavía no es demasiado tardy también para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde absolutamente nadie pueda decidir por otros hasta la forma dy también morir, donde dy también veras sea determinado el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda ocasión sobry también la tierra <…> de ahí que quy también invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definorate como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía”.

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Los fragmentos dy también Cien años de soledad fueron extraidos de la Edición conmemorativa quy también fuy también publicada por la Real Academia de la Lengua española en cooperación con Editorial Alfaguara. 

El fragmento del alegato dy también aceptación del distinción Nobel dy también Literatura dy también Gabriel García Márquez fue tomado del libro Discursos Premios Nobel, publicado por muy habitual Presencia Editores.

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Las imágenes fueron tomadas dy también AFP y del facebook oficial dy también Gabriel García Márquez.